lunes, 23 de marzo de 2015

TORRES GEMELAS 11





CAPITULO 11

Según Johnson, la información con la que empezarían el trabajo sería enviada desde los cuarteles centrales del FBI en Langley, Virginia, pero llegaba directamente a la Oficina de Pickard. La pasarían a un servidor personal y luego se enviaría a la estación que se conocería con el nombre de “SIGILO” Servicio Internacional de Genios en Logística. Esto para evitar que se establezca a posteriori una relación directa entre el FBI y SIGILO.

Alex pensó que Pickard era un genio y su pecho se infló, hasta tensar los botones de su saco.

¡Había pensado en ponerle su apellido a la estación de trabajo!

Es que no lo podía creer, todo se daba de tal manera que se estaba convirtiendo en el ecuatoriano más famoso del mundo. Nosotros que no hemos tenido muchos famosos y que inclusive cuando ha existido la oportunidad de figurar nos han confundido. Se acordaba de un Presidente que en un matrimonio de la realeza que fue trasmitido por la televisión a todo el mundo, lo confundieron con el Sultán de Brunei y nadie se enteró que el Presidente del Ecuador había estado allí.

Pero ahora el apellido Sigilo sonaría a nivel mundial, bueno si no le obligan a mantener todo en secreto.

Pero volvamos a lo nuestro, eran las nueve y diez de la mañana del domingo 12 de Agosto de 2001.

—Empezamos a trabajar en este momento, ya están montando las oficinas y para las dos de la tarde iremos a que las conozcas y a que te conozcan tus colaboradores, eso sí te recomiendo no llevar las relaciones más allá de lo estrictamente profesional, nadie tiene que saber quién eres, ni lo que haces— le dijo Johnson.

—Cuando conociste al Director Pickard, él no te dirigió la palabra, esa misma actitud tienes que mantener con tus subordinados para crear esa distancia necesaria con la autoridad. Sólo yo y una persona más a quien conocerás oportunamente seremos tus contactos y a nadie más podrás comentar sobre lo que hacemos. Si nos fallas, tu reemplazo ya está alojado en tu mismo hotel y te suplirá de inmediato—.

—Vamos a que te compres ropa, porque no puedes aparecer en la oficina con esa ropa fuera de moda, tienes que dar la imagen de funcionario trabajador, vestir muy sobriamente y tener siempre el ceño fruncido para que crean que estás preocupado por lo que haces, a partir de este momento puedes usar libremente las tarjetas de crédito que te entregaron, cuidando de donde las usas, porque esas cuentas luego pueden hacerse públicas y tu imagen verse afectada—.

Johnson le llevó a comprar cuatro tenidas azul obscuro que le iban a disfrazar de gringo. Tres pares de zapatos con suelas que iban a durar diez años y seis camisas Made in China que le quedaban grandes. Pagó 237,68 en  efectivo, porque las tarjetas de crédito tenían cupo ilimitado hacia arriba, pero no servían para compras de menos de 300 dólares. Quiso comprar algo más para completar el cupo, pero ya estaba en la fila y no iba a hacer el ridículo.

Se cambió en el vestidor de Marshall´s donde habían hecho las compras y subieron al asiento trasero de la famosa Chevrolet Tahoe negra. No se explicaba por qué tenía que andar en esa camioneta cuando en el subsuelo del hotel, él, Alex Sigilo, tenía un BMW del año.


Pararon en la esquina de la Sexta y Broome para comer un hotdog, bueno, siete hotdogs, dos para cada gringo y uno para él. La cuenta salió de su bolsillo. Seguía haciendo malos negocios.

Siguieron al Sur por Canal Street hasta Broadway.

Cuando llegaron al World Trade Center, un escalofrío recorrió su espina dorsal sin razón aparente.

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