lunes, 2 de noviembre de 2015

CAMINABA COMO DUSTIN HOFFMAN



Salíamos de ver Midnight Cowboy en un cine de barrio, y a Aurelio se le dio por simular la manera de caminar de Dustin Hoffman.

Imitaba tan bien a “Ratso” Rizzo, que la gente que salía del cine se detenía para contemplarlo y aplaudir su capacidad actoral. 
Incluso fingía su tos tuberculosa.

La llovizna que caía sobre la ciudad a la medianoche daba un aire realista a la escena.

Una gran ovación marcó el clímax de la actuación, cuando Aurelio se dejó caer sobre el pavimento húmedo fingiendo un estertor cinematográfico.

Solamente sus amigos, que quedamos cuando el público continuó su camino, pudimos comprobar su deceso, acontecido según sus más íntimos deseos: “morir como un actor de cine”.

TOCATA Y FUGA


CAPITULO 1

Llegando a casa, Wilson corrió a brazos de su mamá, quien, con esa inconfundible sonrisa materna lo giró en el aire como alborozada bandera de instintivo amor.

— ¿Cómo le ha ido a mi estudiante preferido?
—Bien mamita, he aprendido mucho… Mi maestro es muy bueno. ¿Cómo se llama mi maestro?
—Cómo no te vas acordar, si ya tienes dos meses en segundo grado, se llama Juan.
—Sí, yo sé que es el maestro Juan…, pero no me acuerdo el apellido, mamita.
— ¿Juan… qué? También me olvidé, no puede ser. Ayer hablábamos de él con Susanita.
— ¿Cuál Susanita?
—Susanita…, la mamá de Santiago, ¿Qué apellido es? No importa, vaya a lavarse las manos y venga a comer una fruta.

Trataba de disimular la turbación que le causaba el haberse olvidado de los apellidos del profesor y de su amiga.
Mientas preparaba la comida, Teresa hacía notorios esfuerzos para acordarse infructuosamente de aquellos dos apellidos.

A mediodía llegó Hernán, su marido. Era empleado público, lo que le permitía ir a su casa todos los días para almorzar.
Mientras degustaban el saludable refrigerio, Teresa comentó la pérdida de memoria; bueno, su específica pérdida de memoria, porque solamente había olvidado los apellidos de estas dos personas, todo lo demás lo tenía claro.
Sin inmutarse, Hernán, que era director del Registro Civil, ofreció traer en la noche el listado de apelativos del pueblo, para que Teresa pueda recordar los apellidos olvidados.
Durante toda la tarde Teresa esperó ansiosa el listado para salir de un sinsabor que empezaba a atormentarla.

Hernán acostumbraba llegar siempre alrededor de las siete de la noche, pero esta vez, Teresa, impaciente, lo esperaba desde las seis y media.
Cuando llegó, solamente comentó con parsimonia: —Este es el listado completo de los apellidos del pueblo. Mañana puedes repasarlos para refrescar tu memoria. Ahora lo único que quiero es compartir con mi familia una gran noticia: me han propuesto que sea candidato a Alcalde y quiero que me aconsejen para tomar una decisión. Tengo hasta fin de semana para dar una respuesta.

Después de una agotadora noche, en donde la búsqueda de apellidos fue un trabajo inconsciente de su cerebro, Teresa despertó más cansada que nunca y con la idea fija de sentarse a leer la lista de apelativos del pueblo.

En cuanto despachó a Wilson y Hernán a sus respectivas obligaciones, se preparó una aromática taza de café y se apoltronó en la sala. Su esposo había traído un sobre de formato A4 donde Teresa esperaba encontrar la respuesta a su problema. Con una inhalación forzada de aire en los pulmones, procedió a abrir el embalaje, pero se sobresaltó al comprobar que el sobre estaba vacío.

Balbuceando improperios telefoneó a su esposo:
— ¿Te estás burlando de mí? ¿Me trajiste un sobre vacío?
— ¿Cómo te imaginas? Estaban unos veinte folios con todos los apellidos de los habitantes del pueblo. Yo mismo he cerrado el sobre antes de llevártelo.
—Pues, cuando lo he abierto, el sobre estaba vacío.
—Permíteme chequear en la oficina y en el carro, pero estoy seguro de que había puesto la información en el sobre.  No te impacientes, a medio día conversamos.
 Un repentino flash cruzó por la mente de Teresa: “¿Este no será como el problema que tuvimos el año pasado?”

Desconsolada cerró la comunicación y remordió sus dientes mientras pataleaba y fruncía todos los músculos de su rostro.
Volvió a discar.
—Susanita, disculpa que te moleste. ¿Podrías pasar por mi casa lo más pronto posible?
Mientras se vestía para recibir a su amiga que vivía junto a ella, tornó el enojo que tenía con su marido, por pánico: no era la primera vez que algo extraño sucedía en su casa.
Cuando llegó su amiga, le contó su problema. Susana no entendía.
Solamente empezó a comprender cuando Teresa le pidió que le diga su apellido, el de su marido o el de su mamá.
Susana lo intentó infructuosamente.
—Tienes razón, aquí hay algo raro.

Dijeron todos los nombres conocidos, pero no pudieron decir ni un apellido.
Entonces con Susana recordaron el extraño acontecimiento del año pasado: un día desapareció el color azul. Todos los muebles, paredes, mariposas, sabores y elefantes de color azul, cambiaron a un color diferente y durante veinticuatro horas no hubo nada, ni el cielo, que fuera azul en esa casa.

Un ufólogo conocido les explicó que su casa estaba en los límites de dos dimensiones y que en esa frontera pasaban cosas extrañas cada cierto tiempo.
¿Sería coincidencia que el año pasado Hernán trabajara en una fábrica de pinturas y ahora en el Registro Civil?

Su preocupación aumentó al acordarse que su esposo había recibido una propuesta para entrar en la política.
¿Podría ella soportar el evento que la política desencadenaría en la frontera de las dimensiones?

Las dos se estremecieron.
Las conjeturas y las suposiciones iban sumiendo a las dos amigas en un estado de desesperación.
Susana había sido testigo de la pérdida del azul y siempre había culpado  a su memoria de hacerla creer que eso había pasado. Incluso había clasificado el episodio como un lapsus y lo había archivado;  pero ahora  su amiga lo ponía sobre el tapete y todo volvía a su memoria.
Trató de convencer a Teresa, de que lo de ahora era un equívoco, una confusión y que al medio día cuando regrese Hernán todo volvería a la normalidad. Tras dos tazas de café y una hora de charla trivial, terminaron olvidándose del tema.

A las once y veintitrés minutos, sonó el teléfono, era Hernán:
—Teresa, no te alteres, pero ha sucedido algo extraño, los archivos del Registro Civil, todos los archivos, están vacíos. Cuando he ido a sacar una copia para llevártelos a la casa, me he encontrado con que no hay un solo apellido. Hay una colección interminable de nombres, pero ningún apellido. Incluso he reclamado iracundo a mi secretaria la señorita… ¿Qué apellido es mi secretaria?

Susana vio como Teresa palidecía con el auricular en la mano y se desmayaba.


CONTINUARA….

viernes, 11 de septiembre de 2015

LAS TORRES GEMELAS 53


Agradecemos la paciencia de nuestros seguidores y pedimos disculpas por el tiempo transcurrido desde nuestra última entrega. Problemas de salud (o amenazas a nuestra seguridad) han impedido la continuidad del blog. 

Dejamos a la imaginación del lector las causas reales y reanudamos la entrega de información sobre este suceso acaecido hace ya catorce años, pero cuyas consecuencias aún se mantienen latentes en el panorama político-económico, no sólo de medio oriente y Estados Unidos, sino de Europa entera que lo ha visto convertirse en un conflicto social de consecuencias inimaginables.







CAPITULO 53

El 12 de Septiembre, luego de un inicio dubitativo, mientras las damas recopilaban información por medio de la televisión e internet, los dos ecuatorianos decidieron hacer un nuevo reconocimiento del escenario.

Las fotos mostradas en el capítulo anterior, les iban a costar caras a nuestros protagonistas. Las órdenes del gobierno de George W. Bush eran precisas: no había que mostrar cadáveres y estaba prohibido difundir imágenes de rescatistas llorando.

En medio del desorden que reinaba en el escenario, habían agentes de civil y policías uniformados tratando de impedir que se tome  fotografías de los muertos o de los socorristas horrorizados.

Cuando llegaron cerca del epicentro, después de esquivar a quienes huían desesperados, pudieron apreciar un cerco que trataban de formar agentes de civil, que Alex sospechó eran del FBI, pero después se enteró de que eran miembros de la FEMA (Agencia para el Manejo de Situaciones de Catástrofe, siglas en inglés) que se desplegaron en el lugar de los hechos. Por una feliz casualidad habían llegado a Nueva York el día anterior y se disponían a realizar al día siguiente un simulacro de ataque biológico o químico en el WTC.

Para Alex, esto también estaba planificado con anterioridad, para poder tener a mano a gente especializada que ayude a rescatar a los que puedan sobrevivir. Era una demostración clara del espíritu humanitario del gobierno: matamos algunos pero responsablemente nos preocupamos por el rescate de los que logren sobrevivir.
Todos los servicios de urgencia se activaron inmediatamente, salvando numerosas vidas.

La FEMA estaba bajo la dirección de Joe Allbaugh, tesorero de la campaña electoral de George W. Bush.

El epicentro, que dos días antes había sido la plaza del World Trade Center, era ahora un gigantesco cráter humeante, donde la temperatura  era tan alta que resultaba temerario acercarse.

Aun así, pudieron apreciar un grupo de civiles, que trataba de obtener restos de las edificaciones y que eran impedidos de hacerlo por guardias de civil.

Eran miembros de una asociación de Ingenieros y Arquitectos que habían entrado en sospechas sobre la realidad de los hechos y recolectaban fragmentos  de los edificios, pequeños trozos de hormigón o acero, para someterlos a estudios técnicos, que ayuden a clarificar el origen verdadero de la demolición de las torres.


Según ellos, era imposible que el impacto de los aviones sea la causa para el derrumbamiento de los edificios. Desde el punto de vista técnico de ingenieros, arquitectos y especialistas en demolición, había que buscar otra causa para el colapso.

sábado, 23 de mayo de 2015

LAS TORRES GEMELAS 52





El cansancio, la emoción y un par de tranquilizantes, habían logrado que los cuatro se fueran a la cama. A nadie le extraño que Alex y Jennifer compartan la del cuarto de huéspedes. A la medianoche del 11 de Septiembre, todos dormían y no volaba una mosca en ese departamento.

A la mañana siguiente, sin salir aún del estupor a pesar de ocho horas de reparador descanso, ninguno de los cuatro podía creer nada de lo que había presenciado.

Un ataque en el corazón del amor propio de los Estados Unidos, una demostración de la fragilidad de sus sistemas de defensa, una burla oficial sobre la inteligencia de sus habitantes y una demostración ante el mundo entero que más daño hace un tonto que un terremoto; aunque este último no genera ganancias económicas.

Mientras preparaban calmadamente un desayuno, de a poco empezaron a llegar a la memoria de los dos varones, imágenes que habían quedado guardadas indelebles en sus cerebros, de esas imágenes que te impresionan y te marcan la vida para siempre.

Ambos coincidieron en que la caída espectacular de los tres edificios era ideal para una película de Hollywood. Pero no era lo más impresionante. Para ambos, lo que en realidad los golpeó, fue la desesperación y la angustia con que la gente corría. Todo norteamericano de más de tres años de edad está acostumbrado a estas escenas, porque las ve a diario en el cine y la televisión. Es un lavado cerebral. Necesario para que la gente sepa cómo actuar en un caso parecido.

No hubiera sido bueno para la imagen de los Estados Unidos regada por el planeta, ofrecer una imagen diferente. Imagínense si todo el mundo se hubiera quedado estupefacto, como los habitantes de Hiroshima y Nagasaki cuando les lanzaron la bomba atómica.

No, lo que vieron ahora era más parecido a las de los habitantes de Vietnam del Norte que huían de los bombardeos de fósforo blanco y Napalm. Eran víctimas diferentes, pero por una extraña razón daba la impresión de que el ejecutante era el mismo. Se reconocía su estilo.

Lo raro, era que estábamos en Nueva York, los Estados Unidos.

En esto coincidían los dos, pero la mentalidad acuciosa de Alex había sido impresionada por un detalle que para Wilfrido pudo no haber sido tan notorio: los bomberos y sus comentarios.

Los bomberos Neoyorkinos, como casi todos los bomberos del mundo tienen fama de arriesgados y sacrificados, son capaces de cualquier cosa para salvar a un semejante y han sido protagonistas de actos verdaderamente heroicos.
Eso no era novedad, los de ahora habían actuado con el temple y la entereza 
de siempre, pero el resultado había sido frustrante.

Sentados en las aceras de las calles, cerca de los restos humeantes de lo que habían sido los edificios, el comentario generalizado entre los bomberos eran los estallidos que habían escuchado al interior de las dos torres. En medio del bullicio causado por los aterrados fugitivos, era notorio que el sonido inconfundible de explosivos había retumbado en sus cabezas, como detalle extraño de todo el infierno que les tocaba vivir.

¿Explosivos? Si, como lo oyes, eran sonidos repetitivos al interior de las torres. En ambos casos iguales y más aún en el WTC 7 que había caído a las 5:20 de la tarde, cuando ya el edificio había sido evacuado, por lo que no hubo muertos.


 En las fotos se puede apreciar, la salida violenta de materiales por las ventanas, típico de una explosión.


viernes, 22 de mayo de 2015

LAS TORRES GEMELAS 51



Una de las primeras imágenes tomadas del Pentágono y no hay rastro de un avión

El 10 de Septiembre, el Secretario de Defensa, denuncia un faltante de 2.300 millones de dólares del presupuesto de Defensa. Dijo que el dinero malgastado por los militares constituye una grave amenaza.

Al día siguiente se había olvidado el tema, porque se necesitaba más dinero para luchar contra el terrorismo.

El ataque al Pentágono genera una serie de inquietudes. Ahora vienen las preguntas:

Si lo que se estrelló fue un misil. ¿Dónde está el avión del vuelo AA77? ¿Y los pasajeros?

En el momento en que el avión era secuestrado, volaba sobre una zona con limitada cobertura de radar.

Con los controladores aéreos sin poder contactar la cabina del avión por radio, un funcionario de Indianápolis declaró que la nave se había estrellado, posiblemente, a las 09:09, que fue el momento en que se perdió contacto con el avión.

El radiofaro del avión había sido apagado a las 8:55, esto hace que el avión se vuelva invisible para los controladores aéreos civiles, pero no para los militares.
 
Los procedimientos en caso de problemas con el radiofaro son bastante estrictos, en la aviación civil y militar. Las regulaciones de la FAA describen exactamente cómo proceder cuando un radiofaro no funciona adecuadamente; la torre de control debe establecer contacto radial de inmediato con el piloto, y si esto falla, inmediatamente dar la alerta a los militares, quienes enviarán cazas para establecer contacto visual con la tripulación. 

La interrupción del radiofaro también provoca una alarma directa en el cuerpo militar responsable de la defensa aérea de los Estados Unidos y Canadá, el NORAD.

En el caso del Pentágono, el vuelo AA77 tuvo 40 minutos para llegar al Pentágono y los cazas nunca fueron alertados.

¿Es posible creer que el ejército de Estados Unidos permaneciera pasivo durante los atentados?

No obstante, como dijo el teniente coronel Vic Warzinski, portavoz del Pentágono: «No éramos conscientes de que ese avión se dirigía hacia nosotros y dudo que antes de ayer alguien hubiera podido prever algo semejante».

Hay que anotar que el vuelo 11 de American Airlines ya se había estrellado contra la Torre Norte a las 8:46, es decir 9 minutos antes de que se apague el radiofaro del AA77. Es decir, todo lo relacionado con el tráfico aéreo debía estar en alerta máxima, especialmente el control militar.

A las 9:03 el vuelo 175 de United Airlines se estrella contra la Torre Sur del WTC. Pero recién a las 9:24 la FAA notifica al NORAD de la posibilidad del secuestro de vuelo AA77, cuando la alarma aérea en todos los Estados Unidos tenía que haber estado en alerta máxima.

Si la idea de los terroristas era causar daño y vergüenza al Pentágono, ¿Por qué no estrellarse contra el centro del edificio y dar un golpe sicológico a la mayor potencia militar del mundo?

¿Porque hacer una maniobra difícil para volar a baja altura y estrellarse contra una fachada de veinticuatro metros de alto?

¿Por qué la mayor parte de las víctimas fue personal civil y sólo hubo un oficial de alto rango?