sábado, 18 de abril de 2015

LAS TORRES GEMELAS 33



CAPITULO 33


Sábado 31 de Agosto de 2001


No habían quedado en trabajar ese día, pero Alex se dirigió al WTC, no a la oficina, fue en calidad de turista a la Torre Sur. Quería recorrer lo que para él era el próximo objetivo de un ataque terrorista que se iba a llevar a cabo en una semana, era como volver al futuro, pero sería muy difícil modificar los resultados.


Aun cuando los informes que estaban enviando a la oficina de Pickard fueran difundidos, no se podía evitar lo que se estaba tramando. Era como haber leído el argumento de una película: tú sabes cómo terminará.


Antes de ingresar, recorrió detenidamente el Winter Garden, un gran atrio, bajo bóvedas de cristal que normalmente alberga representaciones teatrales, conciertos y exposiciones. 
Rodeado de tiendas y restaurantes, su altura (10 pisos), le da una frescura visual en medio de los dos colosos gemelos.


Las torres con 110 pisos cada una, tienen 435 inquilinos de 26 países y aquí trabajan algo más 40.000 personas. En el subsuelo hay un gran centro comercial y las oficinas de control de los trenes subterráneos de Nueva York.


Todos los días, pero especialmente el fin semana, está lleno de turistas, generalmente extranjeros, que no quieren perderse una foto en los edificios más altos del mundo.

Cuando quisieron acceder a los ascensores para llegar al piso 107, se les informó que ese fin de semana sería imposible, no había energía pues se estaba realizando un cambio de cableado eléctrico o de servicios de banda ancha, pues los que se tenían eran insuficientes y había que actualizarlos.


Esto no tomó de sorpresa a Sigilo, que ya tenía informes previos sobre este posible corte de energía, solo lo estaba confirmando.


Ante la protesta de muchos de los presentes, los elementos de seguridad procedieron a desalojar la zona de ascensores con explicaciones de que podrían regresar el lunes, día en que todo se habrá normalizado.


Sigilo, no quiso desaprovechar la oportunidad de dar un vistazo a la zona que se estaba convirtiendo en foco de su atención y al bajar al subsuelo, pudo visualizar varios vehículos con el logotipo de una empresa de mudanzas, daba la impresión de que muchos ocupantes se estaban mudando.


El corte de energía significaba que ni cámaras de seguridad ni sistemas de protección de información estaban funcionando. A Sigilo le pareció propicio para introducir elementos extraños en los edificios y que no quede constancia alguna de lo que sucedía durante 36 horas.


La seguridad en el ingreso de ambas torres había sido aumentada considerablemente y los funcionarios y empleados de las empresas que funcionaban en los dos edificios habían sido anticipados oportunamente. No había manera de que alguien que trabaje en el WTC pueda ingresar, aunque sea un asunto de vida o muerte.


Esto completaba un panorama clarísimo para Sigilo, quienquiera que esté “trabajando un cableado” interno, podía hacer lo que tuviera en gana durante 36 horas con total seguridad.

¿Pero qué? Se preguntaba. Él suponía que el atentado tenía que ver con los pilotos saudíes. Si estaba en lo correcto, ¿por qué tenían que cerrar el acceso a las torres una semana antes de lo que suponía era la fecha a ejecutarse? ¿Y si todo estaba cerrado, qué hacían varios camiones de mudanzas en el subsuelo?


Para salir de dudas, decidió trasladarse hasta WILIAMS, donde le esperaba otra sorpresa: según alguien relacionado con inteligencia militar, la palabra “nanotermita” había sido repetida algunas veces en una reunión en casa de uno de los patrones de X, Y o Z.

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